La mística chilena  que no se pierde

La mística chilena  que no se pierde

 

A veces se confunden los mitos, el fútbol está lleno de historias legendarias, como la Naranja mecánica, la Máquina, la garra charrúa, y así la historia de este deporte, el más popular que haya existido en la humanidad, se ha ido consolidando de tal manera que muchas veces esas expresiones se vuelven exigencias tácitas para las generaciones nuevas de profesionales, para los directores técnicos y en general el público se encarga de exigir que el mito se convierta en una realidad.

El problema es que en muchos casos esta exigencia se desdibuja a una situación que parece casi un reflejo constante de la degeneración de las sociedades modernas, estos hitos que en algún momento llenaron de orgullos los anaqueles del deporte, hoy parecen una mala mímica de lo que podrían haber sido en aquel momento.

Más allá de lo deportivo, de los éxitos obtenidos por la selección chilena de fútbol en los últimos años, por esta generación dorada que de tanto orgullo llena al país trasandino, también vale la pena generar un pequeño cuestionamiento con respecto a lo que se representa de una nación a través de sus deportistas, porque muy lejos está de ser un emblema chileno la violencia desmedida, la trampa, o al menos no sería la bandera que como nación debería mostrar.

Es cierto que los triunfos deportivos han llegado, que las personas han conseguido sentirse orgullosas de una generación dorada que por primera vez en la historia ha cosechado títulos, pero también es cierto que bajo el puente corrió mucha agua, por lo que en muchos casos para lograr las metas se transgredieron valores, se mostró una imagen contraproducente para un país, se levantaron banderas que dejaron en el ambiente mundial un sabor a algo que dista mucho de lo que realmente es Chile.

No hay duda, ni cuestionamiento posible para pensar que Chile es un país poblado por una raza aguerrida, que el crisol de culturas aborígenes que pobló sus tierras y el resto de las historias vividas curtió gente con ímpetu, capaz de sobre llevar infinidad de situaciones adversas, pero que nada tiene que ver con la violencia o la trampa, o la fricción desmedida, no hay que confundir la mística con el salvajismo, no es lo mismo ser valiente y aguerrido, como se ha logrado en la historia en muchas ocasiones, a ser un grupo de desadaptados que muestra la peor versión de los chilenos.

Hace mucho tiempo, circulaba un meme en algunos países, por la época del mundial 2014 que se burlaba de la presencia de los jugadores chilenos, algo que señalaba su aspecto contestatario, sus tatuajes, pero este tipo de mensajes son poco constructivos, lo que importa es lo que se hace dentro de la cancha, los valores deportivos, no es muy ameno ver como un jugador como Gonzalo Jara pasa a la fama mundial por su capacidad de transgredir las nomas deportivas, algo que se podría pensar frecuente, pero también por su capacidad de romper cualquier punto de moral o ética, ensombreciendo su inconmensurable capacidad deportiva, dejando en el ambiente no su mística, sino que por el contrario lo que torpemente llaman picardía deportiva, que no es más que la ley de la trampa y la impunidad del que no se deja atrapar por la justicia, después cuestionamos a los políticos del mundo por la corrupción.

El cuestionamiento no pasa por lo deportivo, ya que cada uno de los jugadores de la selección chilena son destacados profesionales y brillan en sus equipos por sus capacidades, el cuestionamiento es como los medios que usan como selección chilena dejan la imagen del país ante el mundo, no es lo mismo ganar con un juego limpio, inmaculado, con un código de conducta intachable que ganar o en este caso perder una final y dejar en la memoria, no que se le jugo de igual a igual al campeón del mundo Alemania, o que por momentos lograron desplegar un tipo de jugo virtuoso, sino que por el contrario queda el sabor en la boca de los gestos antideportivos, como el codo en la cara de Jara sobre Werner, o las trifulcas excesivas sobre el árbitro o sobre los rivales, en general si a esto llaman mística chilena, preferiría no ser parte.

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