El día en el que el fútbol rompió todos los limites

El día en el que el fútbol rompió todos los limites

Es cierto que la riqueza es muy difícil de medir, para algunas personas un gasto puede ser desmesurado porque su poder adquisitivo no alcanza ni para soñar en una determinada compra, para otros es parte de la cotidianidad, pero pensar que es sano y constructivo llevar a un jugador a ser parte de una operación en donde están involucras 223 millones de euros, son cosas completamente diferentes, sí el mensaje que se quiere dar es que la plata es capaz de comprar cualquier cosa, pasando por encima de cualquier límite, se está consiguiendo, mientras que si estamos con la idea como sociedad, o como mundo de hacer que el deporte sea un espacio constructivo para los más jóvenes pues nos estamos equivocando claramente.

El deporte concebido como negocio permite que un jugador abandone a través de una clausula en su contrato y por una millonaria suma a su equipo, está claro solo el cubrimiento mediático de la información incrementará las ganancias en publicidad del club, y venderá más camisetas y entradas de las que cualquier otro jugador podría llegar a conseguir, pero llevando el discurso a un espacio moral, valdría la pena cuestionarse con respecto al accionar de los “equipos ricos”, de esas instituciones que han sido adquiridas por potencias de Medio Oriente o China y que hoy podrían comprar hasta la madre de un Santo, sí así quisieran, pero ¿no hay un límite?

Desde el comienzo del mercado de pases se comenzaron a especular con transferencias entre clubes europeos desmesuradas, en su momento se especuló con una inminente salida de Cristiano Ronaldo del Real Madrid y en ese caso también apareció la pretrochequera del PSG para firmar un cheque capaz de pagar la astronómica cláusula de recesión del astro portugués, por lo que todo indicaba que veríamos una temporada estival marcada por el desmesurado poder económico de los clubes con más poder adquisitivo, sin contar en el escenario que también desde China no solo en transferencias para sus equipos sino para los clubes que han comprado en el Viejo Continente han logrado subir el promedio de las operaciones económicas.

Los rumores en las transferencias de futbolistas funcionan de la misma manera que un incendio forestal, un chispazo es capaz de arrasar con miles de hectáreas de bosque, en este caso el dicho de un periodista o de un medio de comunicación repercute en todos las agendas deportivas del mundo que esperan con ansias los movimientos en las operaciones entre los clubes, incluso es sabido que muchos representantes son muy hábiles y tienen en su nóminas periodistas que hacen que un jugador se mantenga vigente en los medios, haciéndolo aparecer apetecido cuando en muchos casos este deportista no está siendo pretendido por nadie, pero al hacerlo tomar protagonismo algunos directores deportivos comienzan a pensar que si alguien lo quiere, seguramente algo debe tener, pura y llanamente especulación, de la misma manera que una empresa se puede entrar en bancarrota o subir su valor a partir de especulaciones en el mercado.

El caso Neymar deja un interrogante con el que se comienza esta editorial, ¿no hay límite? Un adolescente que entrena todos los días recibe este mensaje ¿cómo un pronóstico del enriquecimiento a cualquier costo? Es cierto el jugador tiene la libertad de hacer con su carrera lo que quiera, también es cierto que la clausula de recesión funciona para que los futbolistas no se conviertan en esclavos del equipo en el que juegan y para que los clubes cuiden su patrimonio, pero hay una parte que también está en la moral, en la mesura, en entender que el mensaje que se riega a la velocidad de un incendio llega a la cabeza de los más jóvenes y les plantea que el dinero puede comprar las voluntades que se quiera, que no pasa nada, solo está en una diferencia numérica y operacional regida en un mercado en donde solo basta con tener con qué pagar el precio.